El Equipo de Orientación está integrado por:

  • Psicopedagoga Gabriela Reboredo: Nivel Inicial y 1º grado.
  • Psicopedagoga Silvia Moreno: 2º, 3º y 4º grado.
  • Psicóloga Carolina Cook: 5º, 6º y 7º grado.
  • Psicóloga y Psicopedagoga María Paz Healy: Coordinadora del Departamento.

También forman parte del equipo, los tutores que acompañan a los distintos cursos en el Nivel Secundario.
Para abordar al adolescente y su problemática se ha confeccionado un Programa de Acción Tutorial, que se aplica en la Escuela Secundaria. Este programa es llevado a cabo por tutores entrenados y capacitados en distintas técnicas grupales e individuales para acompañar al alumno en este período tan vulnerable de su desarrollo. Los tutores están acompañados por una psicopedagoga. El programa consiste en un conjunto de acciones que apuntan a profundizar la orientación escolar; es decir, el acompañamiento de los procesos de aprendizaje y de sus vicisitudes, para promover una mayor calidad educativa.
Desde el Nivel Inicial hasta 7° grado se llevará a cabo un Proyecto de Educación Emocional. Se propondrán actividades que les permitan a los chicos explorar y reconocer sus sentimientos. En el marco de este proyecto, se trabajara sistematizadamente en tutorías. Otro de los instrumentos de intervención será el Circle Time. La Hora del Círculo es un proceso donde los niños aprenden a expresarse, a escuchar a los otros, a respetar las diferencias, favoreciendo la construcción de vínculos sanos y satisfactorios.
Entendemos que estos aprendizajes son fundamentales por los cambios que atraviesa nuestra sociedad actual.

Ni tanto ni tinto.

Somos las primeras generaciones decididas a no repetir con los hijos los errores de nuestros progenitores. Y en el esfuerzo de abolir los abusos del pasado, somos los padres más dedicados  y comprensivos, más “igualados”, beligerantes y poderosos que nunca.
Parece que en nuestro intento por ser los padres que quisimos tener, pasamos de un extremo al otro. Así somos la última generación de hijos que obedecieron a sus padres y la primera generación de padres que obedecen a sus hijos.
En la medida en que el permisivismo reemplazó al autoritarismo, los términos de las relaciones familiares han cambiado en forma radical, para bien y para mal. En la medida en que las fronteras jerárquicas entre nosotros y nuestros niños se han ido desvaneciendo, hoy los buenos padres son aquellos que logran que sus hijos los amen, aunque poco los respeten. Y son los hijos quienes ahora esperan respeto de los padres, entendiendo por tal que les respeten sus ideas, sus gustos, sus apetencias y su forma de actuar y de vivir. Esto explica el esfuerzo que hacen hoy tantos papás y mamás por ser los mejores amigos de sus hijos.
Se ha dicho que los extremos se tocan. Y si el autoritarismo del pasado llenó a sus hijos de temor hacia los padres, la debilidad del presente, los llena de miedo y menosprecio al vernos tan débiles y perdidos como ellos.
Los hijos necesitan percibir que durante la niñez estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se pueden contener y de guiarlos mientras no saben para dónde van.
Si bien el autoritarismo aplasta, el permisivismo ahoga. Sólo una actitud firme y respetuosa les permitirá confiar en nuestra idoneidad para gobernar sus vidas mientras sean menores porque vamos adelante liderándolos.
Es así como evitaremos que las nuevas generaciones se ahoguen en el descontrol y hastío en el que se está hundiendo una sociedad que parece a la deriva, sin parámetros ni destino.
Los límites ubican al individuo.

Ángela Marulanda.

El desafío de educar hijos felices

“Un hermoso recuerdo, un recuerdo sagrado, conservado desde la infancia, es quizás la mejor educación, recogiendo en la vida muchos de esos recuerdos, el hombre se salva para siempre”. F. Dostoievsky

Todos y cada uno de nosotros nacimos con la potencialidad necesaria para ser felices, nuestros hijos también.
¿De qué depende que esta potencialidad florezca? Fundamentalmente, de la posibilidad de pertenecer a una familia donde hay amor. Esta es la base más sólida que un niño puede tener para comenzar su camino hacia la felicidad.
La educación de los hijos es un proceso de aprendizaje de nosotros, los padres, que dura toda la vida y siempre es posible hacerlo mejor. Una experiencia positiva de maternidad y paternidad implica una mamá y un papá atentos, cercanos, cálidos, calmados, y sobre todo, alentadores del desarrollo de los hijos. Ellos necesitan sentirse valorados, seguros, queridos, para emprender la tarea de su independencia. Es importante entonces que los hijos reciban de sus padres mensajes que signifiquen una esperanza, la sensación de que son capaces de vivir sin temor, de explorar el mundo con la sensación de contar con nuestro apoyo incondicional y de que ellos significan para nosotros, sus padres, una gran alegría, y que estamos a su lado.
La familia es el lugar donde no sólo se espera recibir alimento sino protección, cariño, comprensión. Es allí donde vivimos la experiencia de querer y ser queridos por otros. Es el lugar en donde se aprende la incondicionalidad del amor.
Esta es la gran responsabilidad que tenemos los padres, crear el clima adecuado para que nuestros hijos puedan desplegar todas sus potencialidades y de esa manera ser felices. Un clima de confianza, de seguridad, de pertenencia a la familia les permite sentirse reconocidos por lo que son, por sus propios valores.
¿Qué nos pasa entonces a los padres, que nos cuesta tanto poner en práctica lo que muchas veces sabemos?
La seriedad y la responsabilidad de tener un hijo nos quita la “alegría” de la maternidad y la paternidad, la posibilidad de aprovechar el aquí y el ahora de nuestros hijos. Porque la maternidad y la paternidad se viven hoy en muchos casos como un peso ¿Es, para nosotros, una carga o una bendición? ¿Disfruto, o estoy esperando que los chicos crezcan y esto pase pronto? Esto genera culpa y nos paralizamos, no sabemos qué hacer. No debemos ser padres culpables, sino padres responsables ¿Qué diferencia la culpa de la responsabilidad? La posibilidad de hacerse cargo. Si me hago cargo puedo saber qué hice bien y en qué me equivoqué, y a partir de allí mejorar. El padre y la madre responsables viven con alegría su paternidad y actúan en consecuencia, asumen su rol.

He aquí el gran desafío de la paternidad y la maternidad, debemos ayudar a nuestros hijos a creer firme y sinceramente en sí mismos. Todos podemos pensar “sí, amo a mi hijo”. No se trata de eso simplemente, sino de que ellos se sientan amados, respetados, valorados. Para ello es necesario que comuniquemos nuestros sentimientos.
Pensemos entonces que somos un espejo para nuestros hijos, el más importante. Esta tarea de ser padres es un trabajo permanente, de presencia, de mirada, de entrega.
A partir del momento que somos padres y madres nuestra vida se transforma, se ilumina, se llena de sentido, y comenzamos a recorrer un camino junto a nuestros hijos.
Seamos verdaderos testimonios de felicidad, “...un hermoso recuerdo, un recuerdo sagrado...”, que guíe e ilumine la vida de nuestros hijos para que encuentren su propio camino hacia la felicidad.

Prof. M. Pía del Castillo

Fundación Proyecto Padres
www.proyectopadres.org

 
 
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